Cómo hacernos cargo de los riesgos que amenazan a Chile

may 29, 2017
Tomas Norambuena

(Despiértame) cuando pase el temblor…
(Soda Stéreo)

Por Julián Cortés Oggero
Asesor Jurídico. Fundación Mas Ciencia

 

Chile, su contexto geofísico, su historia y sus desastres nuevamente nos han hablado. Como es de esperarse, cada vez que ocurre una catástrofe natural en nuestro país, los medios de comunicación dedican una amplia cobertura a la tragedia y ofrecen abundantes espacios a las “opiniones de expertos”.

Lamentablemente, todos estos esfuerzos son circunstanciales y quedan atrás una vez que se alivianan las pérdidas o cuando cambia la agenda pública. Sin embargo, la gestión de riesgos, como aquellos provenientes de los desastres naturales, deben tener una presencia constante en los medios. También deben ser motivo de preocupación y conversación permanente en un país como Chile, el cual es altamente vulnerable a los desastres naturales.

Para provocar una conversación, quisiéramos plantear algunos elementos. Primero, necesitamos un nuevo paradigma, es decir, requerimos entender –de una vez por todas– que los riesgos son cíclicos. Debemos comprender que estamos frente a un problema sistémico, social, multinacional y con efectos tan devastadores como una guerra.

Un segundo aspecto es el significado que le otorgamos al “riesgo”. El abandono de la “semántica del riesgo” a los medios es un riesgo en sí mismo porque la noción mediática es interpretada por cada persona y no radica en el conocimiento que la ciencia nos proporciona. Confundimos, por ejemplo, el riesgo con la “percepción del riesgo”, lo cual es tan peligroso como el riesgo mismo.

Como tercer ámbito, necesitamos se capaces de dotar de inteligencia al sistema de gestión de emergencia para proteger las vidas y el medio ambiente. Comprendamos de una vez por todas que el problema de Chile no es la reacción ante el desastre para lo cual existe toda una institucionalidad formalizada (Onemi, Bomberos, Cuerpo de Socorro Andino, Ejército, etc) y otra no formalizada (voluntariados, por ejemplo). Estas instancias se vuelcan a la reacción en cada emergencia y, en ocasiones, a la reconstrucción. Otra discusión aparte es la eficacia y/o eficiencia de esa reacción. Pero convengamos que existe.

Un cuarto terreno en que estamos en deuda—y asumiendo que el problema no es la reacción—es la ausencia de una institucionalidad preocupada de identificar los riesgos y amenazas. Dicha institucionalidad debe considerar la contribución activa de las universidades, los centros de estudios y la investigación científica. La idea es que se instalen competencias locales también en las regiones. El 25 de diciembre de 2016, la isla de Melinka dio una lección al país en este aspecto. Una comunidad organizada entorno al conocimiento de su territorio y a sus saberes locales identificó rápidamente la amenaza latente tras el terremoto y reaccionó de manera rápida, calmada y ordenada frente al desastre.

Éstos son los grandes desafíos del Estado de Chile y de los que actualmente estamos huérfanos.

Entonces, la gestión del riesgo socio-natural es un concepto clave. No se trata sólo de una emergencia o catástrofe. El riesgo es socio-natural porque también son parte de él la manera en que se construye el lenguaje, se legisla, se cimientan las calles, se edifican las viviendas y hospitales, al igual que la forma en que se conectan las ciudades, la densidad demográfica, la pobreza, etc. Los sucesos recientes, nos vuelven a reflotar los desafíos en conectividad, asunto que antes la misma naturaleza nos advirtió con el terremoto y tsunami de Aysén en el 2007, la erupción del volcán Chaitén en 2008 o el terremoto de Melinka a fines 2016.

A cada uno de estos desastres sobrevienen pérdidas materiales y humanas, que los convierten en tragedias sociales mayores. En Chile mueren y/o desaparecen en promedio 24 personas al año a causa de los peligros geológicos[1].

Frente a estos episodios, se tomaron medidas de mitigación y de reconstrucción. Sin embargo, con el paso de los años, la situación ha tendido al olvido y han resurgido preguntas como: ¿Cuáles son los planes de contingencia que tienen las autoridades y el sector privado en caso de que ocurran eventos similares? Quienes viven en zonas de mayor riesgo, ¿conocen las condiciones de sus seguros o están protegidos? ¿Cuáles son los escenarios que se han analizado?

En términos globalmente surgen otras preguntas: ¿Cómo se están incorporando los nuevos antecedentes científicos sobre los riesgos y amenazas en los planes de desarrollos comunales, regionales y nacionales? ¿Estamos como país, como región y como ciudad construyendo una cultura de prevención?

En diciembre de 2014, la Presidenta Michelle Bachelet envió indicaciones para el proyecto que crea una nueva institucionalidad para la Oficina Nacional de Emergencias (Onemi), la cual será reemplazada por el nuevo Servicio Nacional de Gestión de Riesgos y Emergencias[2]. Sin embargo, a la fecha poco se sabe de los avances en la discusión legislativa[3]. Las acciones y la agenda del gobierno nos llevan a inferir la poca prioridad que tiene este proyecto, a pesar del número de tragedias que han afectado a Chile desde marzo de 2014[4] a la fecha, sin mencionar los recientes sucesos en la Región de Valparaíso.

Finalmente, la lesgilación que se quiere sacar adelante debe basarse en la construcción de un sistema de gestión de riesgos (no sólo de desastres y emergencias), el cual debe ser de carácter prospectivo e integral. En otras palabras, debe ocuparse de todas las etapas y dimensiones de la gestión del riesgo (económica, social, institucional, científico-tecnológica, política, ambiental y territorial) y debe incorporar a todos los actores que intervienen en ella (institucionales, académicos y la sociedad civil).

La nueva normativa debe ser coherente con una institucionalidad del conocimiento en el país y hacerse cargo del ciclo virtuoso de la gestión de los riesgos socio-naturales. Además debe incorporar el aprendizaje de experiencias en todas las dimensiones del problema: prevención-mitigación, preparación, respuesta y recuperación-reconstrucción.

En síntesis, la atención debe estar orientada a los siguientes aspectos:

– El financiamiento para gestionar los riesgos debe ser incorporado de manera permanente en la ley nacional de presupuesto.

– Se debe garantizar una gestión intersectorial.

– Es necesario implementar un diseño descentralizado, desconcentrado y participativo que asegure el fortalecimiento de competencias y recursos permanentes a nivel local.

– Debemos potenciar el rol del Estado para fortalecer capacidades locales con miras a la generación de resiliencia.

– Garantizar derechos económicos, sociales y ciudadanos en todas las etapas de la gestión de los riesgos socio-naturales.

– Incorporar el diseño e implementación de instrumentos de planificación territorial integrales (social, físico, político, administrativo, económico-productivo), considerando el uso de los recursos y el desarrollo local sustentable y resiliente.

– Promover el desarrollo y mantención del proceso de generación y avance del conocimiento científico-tecnológico del riesgo.

Son sólo algunas preguntas y planteamientos de los muchos necesarios para promover la conversación sobre los riesgos, amenazas y catástrofes en tiempos de calma.

 

[1] Informe de la Oficina de Comunicaciones del Sernageomin, en conjunto con la Unidad de Peligros Geológicos y Ordenamiento Territorial y el geólogo Aníbal Gajardo.

[2] Boletín 7550-06. Proyecto de Ley que “Establece el Sistema Nacional de Emergencia y Protección Civil y crea la Agencia Nacional de Protección Civil” ingresado el 22 de Marzo de 2011. Actualmente se encuentra en la Comisión de Gobierno, Descentralización y Regionalización del Senado para su Segundo Trámite Constitucional.

[3] Fueron consultadas al respecto la tabla, la cuenta, el resumen y las sesiones del Senado desde el 17.12.14 hasta 03.05.17; además de la búsqueda por el Boletín 7550-06 en la sección de tramitación de los proyectos de ley.

[4] Vg. Terremoto de Iquique (Abril de 2014), incendios en Valparaíso (Abril de 2014), derrame de petróleo en Quintero (Septiembre de 2014), erupción del volcán Villarrica (Marzo 2015), aluviones en las Región de Atacama (Marzo 2015), erupción del volcán Calbuco (Abril 2015), fuertes marejadas en las costas de las regiones de Coquimbo y Valparaíso (Agosto de 2015), terremoto de Illapel (Septiembre 2015), terremoto de Melinka (2016)

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